Dr. Cine feat Anabel – “Sesión de tarde”

De las pocas cosas que mi generación, cuya primera década de infancia transcurrió en las postrimerías de la dictadura franquista, puede considerar una curiosa suerte son las limitadas posibilidades de ocio. Además de inducirnos a muchos a la lectura, la fascinación que cualquier niño o adolescente siente ante los medios audiovisuales hizo que “tragara” todas las películas que podía. Eso significa “Sesión de tarde” en el cine o en la tele los sábados, y 2 ó 3 veces a la semana “Sesión de noche” en la tele. Me vi “obligada” a ver muchos de los, hoy considerados, clásicos del cine de todos los géneros: intrigas de Hitchcock, comedias de William Wyler, Wilder, Lubitsch, Chaplin, westerns de John Ford o Huston, dramas de Capra, de Welles, de Nicholas Ray… tantas y tantas… Y no sólo las veía, al día siguiente en el cole la peli del día anterior era el tema estrella, entre todos los amigos rememorábamos, comparábamos… criticábamos, en definitiva.

 Años después, cuando los productos de baja calidad y consumo rápido sin huella (podríamos llamarlo cine “Mc Donald’s”, ¿no?) nos “okupan”la mente y el tiempo, me siento orgullosa de, sin ser una cinéfila ni poseer amplios conocimientos sobre cine, tener referencias para poder elegir con criterio y, sobre todo, de poder disfrutar del buen cine. Es muy curioso, y sólo aparentemente contradictorio, el que el no haber tenido posibilidades de elección nos haga ahora más libres, es decir, menos dependientes del consumismo y la mercadotecnia. Les salió el tiro por la culata: la preocupación del poder porque no nos llegasen grandes dosis de cultura (cuando la cultura era “cosa de rojos”) que pudiesen hacernos pensar, ha desarrollado el pensamiento crítico de muchos y nos ha hecho menos vulnerables al conformismo y al uniformismo, a la nueva y oculta dictadura.

 Y esto me lleva a la urgencia y necesidad de recuperar los clásicos para nuestros niños y adolescentes, los de antes y los de ahora, es decir, clásicos en el sentido de calidad y no de antigüedad, a pensar en ponerles a Charlot, a Los Monty Python para que rían. `La noche del cazador´ o `Déjame entrar´ para que pasen miedo. Mientras son niños podemos y tenemos que influir, la libertad de elección significa tener dónde elegir y saber cómo moverse entre esas múltiples posibilidades. Hoy en día, cuanto todo parece sobrevenido e inevitable, es más urgente que nunca apoyarnos en el cine para recuperar el pensamiento crítico que nos ayude a tener el control de nuestras vidas.

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